En las entradas se veian anuncias de NO FUMAR, mas no decía nada sobre QUEMAR, y en el auditorio se podìan ver las velas prendidas a todas alturas, por lo que esa experiencia fue bastante diferente.
Hasta ese momento en el metro me di cuenta que uno de los efectos secundarios es un hambre tremenda, pero ya habia pasado el hambre, ya habiamos comido algo saliendo del auditorio, ya me encontraba únicamente con la poca gente que salia de la ciudad cuando todos venían hacia ella para iniciar su día de trabajo o estudio.
El tren que iba en sentido opuesto estaba completamente saturado, como es costumbre por las mañana, al regresar la mirada al vagón veo que sube un chavo con extraña vestimenta, todo vestido de terciopelo negro, con las mangas al estilo de la sociedad de la edad media, tipo entrevista con el vanpiro, con grandes encajes blancos en las mangas, cabello negro, lasio y largo hasta media espalda, el rostro mostraba restos de maquillaje blanco usado para cubrirla por completo, pero con un semblante de trasnoche.
En el otro extremo del vagón...
Dos niñas, la primera, una pequeña que apenas me llegaba a medio muslo y que apenas podía cargar el instrumento, tocaba el acordeón casi sin ritmo, la segúnda, aún mas pequeña que la primera, pedía una moneda a los pasajeros con una actitud mecánica y autómata con una pequeña jicara de plástico amarillo.
Una vez que terminaron de recorrer el vagón, al llegar a la puerta para salir de éste y entrar al siguiente corriendo porque tienen poco tiempo relativamente, debido a que el tren estaba haciendo paradas cortas, la pequeña niña vio la flor amarilla que tenía en la solapa aquel personaje extraño que ascendió al vagón estaciones atras, tal vez el contraste del negro y amarillo fue lo que llamo la atención de la pequeña, pero no separó nunca la mirada de aquella cosa que ante sus ojos parecía algo invaluable y sorprendente, el joven aquel se dio cuenta que no lo miraba a él, que miraba la flor y se la quito de la solapa para darsela a la niña, la niña tal vez nunca supo quien se la dió porque nunca lo vio, solo obtuvo esa flor que tanto le impactó.
Una vez pasado esto, cada quien regresamos la mirada fija al vacío y continuamos nuestras vidas.
El tren que iba en sentido opuesto estaba completamente saturado, como es costumbre por las mañana, al regresar la mirada al vagón veo que sube un chavo con extraña vestimenta, todo vestido de terciopelo negro, con las mangas al estilo de la sociedad de la edad media, tipo entrevista con el vanpiro, con grandes encajes blancos en las mangas, cabello negro, lasio y largo hasta media espalda, el rostro mostraba restos de maquillaje blanco usado para cubrirla por completo, pero con un semblante de trasnoche.
En el otro extremo del vagón...
Dos niñas, la primera, una pequeña que apenas me llegaba a medio muslo y que apenas podía cargar el instrumento, tocaba el acordeón casi sin ritmo, la segúnda, aún mas pequeña que la primera, pedía una moneda a los pasajeros con una actitud mecánica y autómata con una pequeña jicara de plástico amarillo.
Una vez que terminaron de recorrer el vagón, al llegar a la puerta para salir de éste y entrar al siguiente corriendo porque tienen poco tiempo relativamente, debido a que el tren estaba haciendo paradas cortas, la pequeña niña vio la flor amarilla que tenía en la solapa aquel personaje extraño que ascendió al vagón estaciones atras, tal vez el contraste del negro y amarillo fue lo que llamo la atención de la pequeña, pero no separó nunca la mirada de aquella cosa que ante sus ojos parecía algo invaluable y sorprendente, el joven aquel se dio cuenta que no lo miraba a él, que miraba la flor y se la quito de la solapa para darsela a la niña, la niña tal vez nunca supo quien se la dió porque nunca lo vio, solo obtuvo esa flor que tanto le impactó.
Una vez pasado esto, cada quien regresamos la mirada fija al vacío y continuamos nuestras vidas.
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